Paradigma del condicionamiento clásico

Muchas de nuestras experiencias consisten en secuencias predecibles y organizadas de estímulos. Por ejemplo, el beso de mi novio es un suceso significativo que está precedido por otros eventos (mi novio acercando su rostro al mío) que forman parte de los eventos que conducen al resultado objetivo.


Las relaciones causales aseguran que ciertas cosas ocurren en relación con otras. No podré comprar el perfume que me gusta si no tengo dinero, no tendré dinero si no trabajo, etc. Las instituciones y las costumbres sociales son garantes de que los eventos ocurran en un orden predecible. Es más probable que una persona que sonríe sea más amistosa que una que frunce el ceño; del mismo modo, que un abogado sea más imponente al cerrar un trato que un psicólogo (aunque este podría utilizar mecanismos conductuales para inducir a determinadas respuestas al abogado). Aprender a predecir los eventos en el medio y qué estímulos suelen ocurrir juntos es importante para adecuar la conducta al ambiente. Imaginemos qué complicado sería todo si no pudiésemos predecir que el café en la mañana nos pondrá en modo de alerta y más productivos y que por la noche no nos dejará dormir.


El condicionamiento clásico faculta a los animales, humanos y no humanos, para sacar ventaja sobre la secuencia ordenada de los eventos de su entorno y así, posteriormente, iniciar la acción apropiada en la anticipación de lo que está a punto de suceder.  Mediante este podemos predecir cuándo estamos a salvo o en peligro. También participa en el aprendizaje de nuevas reacciones emocionales (temor o placer) ante los estímulos que han quedado asociados a un evento significativo. Por ejemplo, de niño tu padre te advirtió que comer sandías en la calle te haría daño porque estas se soleaban, eventualmente, un día la comes y te enfermas. Resultado: No vuelves a comer sandías porque te hacen daño ya que están soleadas. El evento significativo es el día que te enfermaste por comer sandías soleadas en la calle. Los estímulos asociados al evento son la sandía y su exposición al sol. Puede que incluso, no desees probar sandía en ningún otro contexto, así esta no haya sido expuesta al sol.

Las secreciones psíquicas se refieren a las secreciones estomacales provocadas por lo estímulos relacionados con la comida, dado que parecían ser la respuesta a la expectativa o pensamiento en la comida. Estas secreciones estomacales fueron recolectadas por los técnicos de laboratorio que trabajaban con Pavlov en su investigación sobre los procesos digestivos. Mediante estos estudios Pavlov desarrolló diversas técnicas quirúrgicas que contribuyeron al avance en el estudio de la digestión. Sin embargo, el fenómeno de las secreciones psíquicas recién generó interés a partir de que Pavlov reconociese de que podían utilizarse para estudiar los mecanismos del aprendizaje asociativo, así como para obtener información sobre las funciones del sistema nervioso (Pavlov, 1927). (Domjan, 2010).

La relevancia de Pavlov en el condicionamiento clásico no radica solamente en hacer un nuevo descubrimiento sino más bien en que entendió como colocar ese descubrimiento en un marco conceptual convincente.

Por otro lado, los estímulos orosensoriales son sustancias que pueden identificarse visualmente a la distancia y producían sensaciones distintivas de textura y sabor en la boca. Supuestamente, el perro, objeto del experimento, aprendía a asociar las características visuales de la sustancia con sus características orosensoriales. Este tipo de asociación se denomina aprendizaje de objeto.

Experimento con el perro de Pavlov

El procedimiento de Pavlov para el estudio de la salivación condicionada es familiar para muchos. El procedimiento involucra dos estímulos. El primero es un tono o una luz que al principio del experimento no provocan salivación, y el segundo es comida o el sabor de una solución ácida colocada en la boca. En contraste con la luz o el tono, la comida o el sabor ácido provocan una vigorosa salivación desde la primera vez que se presentan. (Domjan, 2010)

Pavlov se refirió al tono o la luz como el estímulo condicional (EC), ya que su efectividad para provocar la salivación dependía de (o era condicional a) que fuera emparejado varias veces con la presentación de la comida. En contraste, llamó estímulo incondicional (EI) a la comida o el sabor ácido porque su efectividad para provocar la salivación no dependía de ningún entrenamiento previo. La salivación que a la larga llegaba a ser provocada por la luz o el tono se denominó respuesta condicional (RC) y la que siempre era provocada por la comida o el sabor ácido se designó como respuesta incondicional (RI). Así, los estímulos y las respuestas cuyas propiedades no dependían del entrenamiento previo se llamaron incondicionales mientras que los estímulos y las respuestas cuyas propiedades solo aparecían después del entrenamiento se denominaron condicionales (Domjan, 2010). 











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