Consecuencias del maltrato infantil en la vida adulta


Lucio es un hombre de 54 años adicto al alcohol y a la cocaína desde los 16. Para Lucio, el alcohol es la droga puente hacia la cocaína y empieza a consumirlo, generalmente, de manera casual con algunos amigos. Sin embargo, luego de una copa ya no puede parar, recuerda hechos de su niñez, recuerda a su padre contando los correazos que le propinaba si es que llegaba a casa y lo encontraba mirando televisión o en la calle, jugando con sus amigos.
Lucio recuerda que su padre lo golpeaba más a él que al resto de sus hermanitos, él era el mayor y cuando su padre lo golpeaba, sus hermanos gritaban: “a mi no papi, a mi no”, mientras su madre observaba inerme y llorando. Ella no se metía, dice Lucio, si ella se metía también la golpeaban.
Este tipo de recuerdos son los que Lucio busca evitar con la cocaína. Se trata de un ciclo: primero, busca alegrarse ingiriendo alcohol; al cabo de unas horas, cuando se deprime, busca elevarse, excitar nuevamente su estado de ánimo y sentirse invencible, entonces recurre a la cocaína, “me hace sentir invencible”, comenta.

El maltrato a una edad temprana puede acarrear consecuencias psicológicas y neurológicas irreversibles debido a que el cerebro humano está en desarrollo durante, casi, toda la vida. El maltrato puede producir experiencias traumáticas o de estrés constante que pueden afectar el natural desarrollo físico y cognitivo del niño.

El maltrato, como definición, implica tres aspectos esenciales. Primero, la negligencia o abandono; segundo, el maltrato físico o abuso sexual y, por último, el maltrato psicológico.

Respecto al abandono, durante los seis primeros meses del bebé, puede causar desnutrición grave que está asociado con secuelas neurológicas permanentes que pueden verse potenciadas por las lesiones producidas por el maltrato físico.


Privación emocional en la infancia (René Spitz)
Interesante experimento de Albert Spitz en el que se evidencia cómo afecta la ausencia materna en el desarrollo del bebé durante los primeros meses de vida.


El maltrato infantil reduce la calidad de vida respecto al desarrollo emocional y físico. Está relacionado con el consumo de drogas, conductas autolesivas y suicidas, somatización, ansiedad, etc. 
Desde la neurobiología, el maltrato infantil se asocia con importantes alteraciones del Sistema Nervioso Central, Sistema Nervioso Autónomo, del sistema endocrino y del sistema inmune. Asimismo, los estudios genéticos han demostrado que el maltrato produce alteraciones químicas – hormonales -, que pueden aumentar el riesgo del suicidio.

La neurobiología busca conocer los mecanismos biológicos básicos mediante los cuales el sistema nervioso regula el comportamiento.
Sin embargo, es importante considerar que los estudios que se han realizado se ven limitados a nivel ético y metodológico. Dado que estos estudios son retrospectivos, es decir, se realizaron sobre adultos que fueron maltratados, no se puede establecer una inequívoca relación causa-efecto entre las alteraciones en la morfología y funciones del cerebro observadas y la vivencia de abusos durante la infancia. Por ello, se han realizado estudios análogos en animales de laboratorio que evidencian que exponer a estos animales a diversos estresores - a una edad temprana - los predispone al posterior desarrollo de conductas desadaptativas como la agresión, así como los cambios en la anatomía neural y neuroendocrinos.

El sistema endocrino es el conjunto de órganos y tejidos del organismo que segregan las hormonas, estas se liberan al torrente sanguíneo y regulan algunas de las funciones del cuerpo. 

Neuroendocrino se refiere a ciertas células que envían hormonas a la sangre en respuesta a la estimulación del sistema nervioso. Relacionado con las interacciones entre el sistema nervioso y el sistema endocrino.

Así, el maltrato infantil implica someter al niño a altos niveles de estrés crónico que causarán secuelas anatómicas, estructurales y funcionales en su cerebro. Por ello, es importante analizar las consecuencias neurobiológicas (influencia del sistema nervioso en la regulación del comportamiento) del maltrato infantil sobre el encéfalo y su desarrollo además de su posible relación con las bases neuroanatómicas (desarrollo neuronal) implicadas en la agresión y en la violencia del ser humano a fin de prevenir y tratar las consecuencias que conlleva el maltrato durante la infancia en la edad adulta.

El encéfalo es la parte superior y de mayor masa del sistema nervioso central. Es una de las principales estructuras del cerebro y desempeña una gran cantidad de actividades mentales.

La función del encéfalo es la de asociar los componentes físicos con los psicológicos, además, adapta la información del cerebro con la información que percibimos del exterior mediante los sentidos.
Es trascendental el rol del ambiente en el que se produce el desarrollo del niño ya que este va a determinar que se mantengan ciertas conexiones neuronales, además, de favorecer que se produzcan los cambios neurales responsables de procesos como el aprendizaje. 
Podríamos plantear que, en el caso de Lucio, debido al maltrato físico recibido y al estrés agudo al que estuvo expuesto desde muy pequeño, es muy probable que se hayan afectado determinadas áreas neurales que lo han predispuesto al consumo de drogas y a la agresión en sus vínculos más cercanos.
Así, el maltrato y el abuso durante la infancia, además de la edad de inicio y duración de los maltratos, son factores que influyen directamente en la interrupción de un normal desarrollo cerebral. Es muy probable que estos cambios estén relacionados con una mayor predisposición, por parte de estos niños, a desarrollar diversas psicopatologías, además de problemas de atención y memoria.
Sin embargo, es importante precisar que no todos los niños con historia de abuso desarrollan este tipo de dificultades. Se puede evidenciar una interacción entre los factores genéticos y ambientales en el desarrollo de diversos trastornos mentales. Así, cabe señalar el papel de la resiliencia respecto a la vulnerabilidad individual.
La resiliencia consiste en la adaptación positiva y consecución de un desarrollo óptimo, a pesar de las experiencias traumáticas durante la infancia. Puede estar relacionada con características específicas de la personalidad del individuo que actúan como un mecanismo de defensa frente al maltrato cotidiano. De este modo, “sujetos resilientes” son aquellos con un alto nivel de adaptación ante los sucesos traumáticos de los que fueron parte.
Por otro lado, existen estudios que demuestran que algunas áreas del cerebro (hipocampo, amígdala, giro temporal superior, cerebelo, cuerpo calloso y córtex cerebral) son especialmente vulnerables ante las situaciones de estrés temprano. Estas áreas se caracterizan por desarrollarse durante los primeros años de vida. Así, los niños que son víctimas de abuso suelen mostrar estrés psicosocial, dificultades conductuales y problemas sociales durante su desarrollo.
Estos efectos, en su mayoría, pueden detectarse en sujetos adultos y no durante la infancia debido a que – en teoría – los daños en el hipocampo, por ejemplo, no se hacen evidentes hasta después de la pubertad. Así, la plasticidad neuronal y el desarrollo aparentemente normal del hipocampo pueden enmascarar algunos efectos cerebrales sufridos por niños maltratados.

La plasticidad neuronal se refiere a la capacidad del sistema nervioso de cambiar su estructura y su funcionamiento a lo largo de su vida, como reacción a la diversidad de su entorno. Permite a las neuronas regenerarse tanto anatómica como funcionalmente y formar nuevas conexiones sinápticas. Representa la capacidad del cerebro para recuperarse y reestructurarse. Este potencial adpatativo del sistema nervioso permite al cerebro reponerse a trastornos o lesiones.

El hipocampo está muy relacionado con los procesos mentales asociados a la memoria así como con aquellos que tienen que ver con la producción y regulación de los estados emocionales. Además, interviene en la navegación espacial, es decir, la forma como nos imaginamos el movimiento a través de un espacio concreto. 
Asimismo, la amígdala, junto el tálamo y el córtex prefrontal, conforman las habilidades y capacidades del sujeto para interpretar normas y conductas sociales. Un hecho ámpliamente aceptado es que las personas que sufrieron abandono tienen problemas en sus relaciones sociales.

Además, la amígdala es determinante en el condicionamiento del miedo y en el control de las conductas agresivas y sexuales, además de estar relacionadas al desarrollo de una depresión mayor. La activación del sistema límbico durante o después de una experiencia traumática puede impedir el correcto desarrollo en el procesamiento de la información, afectando especialmente a la recuperación de la memoria y los recuerdos, esenciales - entre otras cosas - para poder confiar en los demás. Esto puede limitar el desarrollo cognitivo en los niños, generando agresividad, conductas de evitación o ambas. 

El sistema límbico es llamado también "la parte emocional del cerebro" ya que se trata de un conjunto de zonas que se encargan de regular las emociones. 

Es importante mencionar la importancia del desarrollo del cuerpo calloso con la integración de los hemisferios del cerebro. Son diversos los estudios que evidencian su alteración ante las experiencias tempranas de estrés. Esta evidencia se obtuvo al observar una marcada disminución del tamaño del cuerpo calloso en niños con historia  de abandono (el experimento de Spitz adquiere validez, retrospectivamente). 

Además, se observó que los niños se ven más afectados por el abandono en la primera infancia que por el abuso sexual, esto explicaría la menor utilización de las conexiones neurales de estos niños como consecuencia de una alteración permanente del crecimiento cerebral e incluso de la muerte neuronal. Por el contrario, las niñas que han sufrido abuso sexual quedan más afectadas que los niños abusados. 

Respecto al córtex pre frontal, es la región que se desarrolla más tardíamente (entre la adolescencia y los treinta años). Entre sus principales funciones encontramos la formulación de planes y estrategias, la toma de decisiones, la memoria de trabajo y la atención. Los altos níveles de estrés activan la producción de sustancias que pueden provocar que se detenga la función propia del córtex pre frotal de inhibición del sistema límbico. Si esto sucede, se produce una maduración precoz que resulta nociva sobre sus funciones y capacidad en el adulto.

Muchos de los niños que han sufrido maltratos físicos presentan daños neurológicos que están directamente relacionados con las agresiones y los altos niveles de estrés. Además, manifiestan graves alteraciones de memoria, cierto grado de retraso mental, retraso en el lenguaje, dolores de cabeza, alteraciones del habla y motoras.
En conclusión, los traumas generados en la infancia influyen en el desarrollo neurológico y la posible formación de psicopatías durante la adultez, además de daños irreversibles a nivel físico, emocional  y cognitivo. En un alto porcentaje, estos daños conllevarán al desarrollo de diversas patologías a la edad adulta (TEPT - Trastorno de estrés post traumático -, depresión, abuso de sustancias y trastornos de personalidad).

Un alto nivel de estrés en los niños implica una interrupción en el desarrollo normal del niño puesto que genera un gran aumento en los niveles hormonales que forjan cambios estructurales y funcionales en el cerebro. Como consecuencia del maltrato se producen alteraciones en diversos sistemas como SNC (sistema nervioso central), SNA (sistema nervioso autonómo), el sistema endocrino y el sistema inmune.

Por ello, es necesario que se proteja al niño del maltrato a fin de salvaguardar el desarrollo de todas sus capacidades, sin ver mermada alguna capacidad cognitiva, física o emocional, como consecuencia de estos traumas y agresiones sufridos.



Comentarios

Populares en Femme Lilith